Instituto de Formación Continua (IL3-UB)


Cuotas de otras etnias
Rodríguez, Santiago

Imposición o inclusión

Cuotas de artistas en salas públicas

Otras etnias, etnias minoritarias

Los espacios de exhibición en un estado ideal deberían ser autónomos sobre lo que exhiben, sus objetivos incluyentes y el acceso a sus salas y actividades asegurado para tod@s.

La democratización, el acceso y la participación no pueden ni deben generarse imponiendo cuotas de participación dentro de las salas. Desde el diseño de las políticas se hace necesaria una revisión de si la iniciativa de imposición, incluye realmente a las “etnias minoritarias”. No es lo mismo concursar por algo que simplemente concursar. No es solamente dejar jugar a las llamadas minorías, es jugar bajo las mismas reglas y condiciones que los otros participantes, si no hay jurados, comisarios, investigadores que pongan a discusión sus “legislaciones” frente al nivel de “excelencia” de las obras o su nivel de relevancia, nada va a cambiar.

En el mundo del arte, el debate de la producción “marginal” siempre ha estado presente, ¿son los productos y procesos de estas “etnias” arte? o, al estar relacionados con “lo otro” son subproductos e inmediatamente se introducen en la dinámica del “souvenir" y lo exótico. En ocasiones estos “souvenirs” se convierten en la mejor excusa para que los gobiernos a expensas de sus minorías impulsen su turismo cultural, entonces ¿debe ser el estado quien imponga sus condiciones?

Continuar esperando y acatando unos lineamientos del Estado y clamar por unas condiciones utópicas no tiene sentido, la dependencia del gobierno necesariamente liga el hecho cultural y sus actores a la “dominación” ejercida por el estado, esto lo deja necesariamente en un papel exclusivo de mecenas y patrocinador obligatorio de las artes. Obligándonos a pensar que no es desde las políticas estatales sino desde las políticas internas de los espacios donde se deben generar los cambios.

En definitiva la dominación del criterio de “excelencia” debe ser olvidada por completo en miras a considerar, estudiar y valorar todos los procesos dentro de una diversidad cultural, entendida no como simple “variedad” sino como diferencias sustanciales en las cuales su valor es dado por la resistencia a la homogeneización y a la inserción dentro de la “aldea global”, hechos que la hacen aún más importante por “conservar” esas “diferencias”. Al repensar los criterios de valoración y juicio de los procesos culturales, encontraremos redes por las cuales circula esta diversidad y es en ellas donde debe verse su articulación en la “realidad”, su impacto y real alcance, lo “minoritario” adquiere sentido, pertenencia y pertinencia en la medida que se presenta como algo cercano y no con el halo de lo exótico, lo oculto o lo alejado.

En cuanto a los espacios, se hace necesaria una descentralización de las salas y centros de arte en miras a involucrar a los grupos declarados como minoritarios (valdría la pena entrar a revisar que son etnias minoritarias, cuales son y qué papel ocupan dentro del diseño de las políticas culturales. En este momento lo que por siglos ha sido considerado minoritario dentro del discurso socio-político occidental aparentemente ha dejado de serlo; la mujer, lo afro, lo indígena, pero, ¿que tan cierto es eso? ) no solo en un programa de exposiciones sino desde el diseño y toma de decisiones de las políticas culturales que los afecta..

En el momento en que se genera una ley o una política para defender la diversidad, al beneficiar a un grupo por sobre otro se corre el riesgo de reafirmar el “dominio” ejercido sobre él y la dependencia de este grupo al sistema cultural estatal (A nivel histórico esto se repite para insertar los discursos marginales dentro del mainstream, dominándolos e insertándolos en la mecánica del mercado). Estas iniciativas de involucrar y capacitar a los gestores culturales de estos “grupos” para participar de la elaboración de las políticas culturales no debe caer en la contaminación de los procesos y la burocratización de su patrimonio. Se busca preservar, mantener y continuar, no etiquetar o encasillar.

La iniciativa de espacios exclusivos para socializar sus procesos y proyectos es necesaria e interesante de pensar, pero, definitivamente no como espacios al “margen” sino como paralelos, incluyentes e igual de necesarios como los lugares destinados a la cultura “hegemónica”.

Dentro de toda esta discusión, el ciudadano debe hacerse consciente de que no es solamente un espectador sino que al mismo tiempo debe ser actor, diseñador y ejecutor de las políticas, o por lo menos participar activamente de esa elaboración, asumiendo su responsabilidad de conservar su entorno y hacerse consiente de la multiculturalidad de lo que lo rodea.

Con respecto al arte contemporáneo hablar de arte chino, peruano o danés resulta anacrónico, ya que el artista o la artista actual aspira dentro de su discurso a la “universalidad”, desea que la etiqueta en su obra provenga de su propuesta y no de su lugar de origen. Para ello en la mayoría de los casos, evitan ser relacionados con su territorio natal, el que indiscutiblemente ejerce una carga difícil de llevar. Así, el arte contemporáneo intenta dejar a un lado (o aprovechar) los “estigmas” o el estereotipo construido históricamente que de un lugar se hace por medio del arte y las imágenes para preguntarse sobre esa identidad, los procesos de construcción cultural y el intercambio artístico no como algo nuevo, sino como algo histórico, en el cual el fenómeno de “contaminación” (tradición) del arte existe desde siempre.

Para concluir, los artistas y sus obras deben acceder a espacios de socialización por la relevancia y la fuerza que ejercen dentro del contexto en el que se producen, tal vez es más relevante que se nos eduque sobre la infinidad de modelos de representación en las diferentes culturas del mundo que sobre la importancia del arte contemporáneo, definitivamente es la “mayoría” la que debe ser educada para respetar y valorar las diferencias.

Artistas Internacionales; pocos o muchos.

No creo que tenga ningún sentido generar una reglamentación sobre la participación de artistas internacionales. Al igual que con las etnias minoritarias, los espacios deben reformular sus políticas participativas de manera que los usuarios de los espacios participen sobre las decisiones que se toman, lo que se exhibe y que discurso se emite. El público cada día asume más su responsabilidad frente a sus necesidades culturales y desea participar de las decisiones de las salas que se mueven con el dinero de sus bolsillos.

Es probable que las demandas culturales de determinado grupo se encuentren diametralmente opuestas a la de la oferta predominante, situación debida en la mayoría de los casos a la sobreestimación “intelectual y educativa” que los actores culturales realizan del público, la triste simplificación de los actores culturales en tres grandes grupos; los productores, los financiadores y los legitimadores. ¿No es acaso un sistema completamente inorgánico y piramidal? La movilidad y la organicidad debe ser la característica fundamental del sistema cultural, esas demandas y ofertas deben poder ser revaluadas, cambiadas, transformadas y estudiadas, la misión y la visión de muchos espacios modificada constantemente en miras a capturar más público; museos universitarios que combinan procesos académicos con artistas consagrados, museos públicos que apelan a despliegues mediáticos exagerados para promocionar exposiciones Blockbuster ( lo importante no son las obras es el evento) son algunos de los ejemplos en los cuales la cuota internacional es asumida como necesaria, pertinente y vanguardista, en el caso Colombiano la mentalidad es provincial y vuelca sus deseos e intereses en lo foráneo.

Esto no quiere decir que todos los recursos deban ser destinados a unos u otros, los artistas, proyectos e iniciativas locales que se mantengan con recursos públicos deben primar por sobre las cuotas de exposiciones extranjeras pero la participación de artistas de afuera no necesariamente debe concebirse exclusivamente a través de la exposición, hay otras actividades, becas, residencias, talleres, conferencias o foros que pueden resultar mas útiles para la asimilación de procesos externos que el dispositivo de la exhibición y todos los problemas que acarrea. Tradicionalmente, el arte se da en la transmisión de saberes y el intercambio de ideas entre diversas regiones del mundo, ese ha sido su común denominador la permeabilidad de las ideas y los materiales. Una opción esta en desarrollar un equilibrio, investigar y programar procesos similares, artistas similares, contextos similares, generar un valoración de lo foráneo como necesario para la comprensión de lo local y como afecta positiva o negativamente eso en el entorno de trabajo. Otra vía de trabajo es cruzar los cronogramas de actividades de las salas para introducir procesos y artistas extranjeros que estén contextualizados dentro de lo local como parte de sus requisitos de exhibición, generado así no se plantea como una imposición sino como una necesidad para el dialogo.

Compartir experiencias de investigación y educación, generar intercambios de artistas, abrir residencias, entre otras, son algunas de las opciones a la sala, estas experiencias en las cuales el impacto de los artistas se da afuera y no requiere de inversiones económicas exorbitantes y difíciles de justificar en su ejecución es la salida más pertinente a la participación de artistas extranjeros. Que vengan todos los artistas, pero no a exponer, sino a trabajar.


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